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viernes, 23 de marzo de 2012

Queremos tanto a Franzen pero Chejfec es como volver a casa

Hace semanas que estoy obsesionada con Johnathan Franzen. Leí Freedom en diez días completamente fascinada por la construcción de personajes y situaciones, por lo poético del texto, por la dimensión épica. No tengo más que admiración para Franzen que logra atrapar al lector y contar una buena historia, que se embarca en una novela de más de 600 páginas y además, ¡vende! Aquí discrepamos un poco S y yo. Él sostiene que la novela no es para todo el mundo, yo digo que cualquier lector de best sellers se volvería loco con Franzen. El fanatismo que me despertó la novela hizo que cinco días después de haberla terminado y aprovechando una visita a Kel -había que comprar libros para el colegio de Lucio- S regresara con un ejemplar de The Corrections, la novela anterior. Hay quienes dicen que es muy superior a Freedom. Por ahora no coincido, pero voy por la página 280. The Corrections es mucho más irónica, tiene más humor -de todas maneras ayer llegué a una escena tremenda, conmovedora y magistralmente bien armada: la de Revenge Dinner, la Cena de la Venganza, me encanta cuando pasa eso, recién en la página 300 se arma algo súper potente.
Ahora bien, después de desvelrme anoche, de tener pesadillas por lo intensa de Revenge Dinner, entro hoy a una librería y me encuentro con la última novela de Sergio Chejfec:La experiencia dramática. Sigo a Chejfec desde hace mucho. No he leído todo porque hay cosas que no se consiguen pero lo que leí me hipnotizó por completo. Abro el libro. Y es como volver a casa. No sólo es el regreso a la propia lengua sino la cadencia, la elección de los adjetivos, la trama que se demora, la manera en la que va armando una historia y cómo el narrador cobra peso, hay un narrador que es Chejfec y que una podría identificar en cualquier texto, como se reconoce al Saer o al Borges narrador. Se trata de esos narradores que se instalan en el interior del lector casi como un alter ego y que aún después de cerrar el libro no podés evitar sentir que se han apropiado de tu conciencia, que te siguen contando el mundo. (Subís a un colectivo y dentro tuyo tenés la voz de ese narrador que te cuenta que estás subiendo a un colectivo, que alrededor tuyo sucede esto y aquello, te bajás y el narrador se baja con vos)
Entonces me siento a leer La experiencia dramática como quien se toma un respiro, un trago de agua fresca entre tanto efecto -sí Franzen: hay mucho de efecto en The Corrections. Y algo más: iba a escribir que Chejfec nos saca de tanto "idioma extranjero" pero me quedo pensando... porque el idioma de Chejfec es un idioma extranjero en tanto todo castellano/español es extranjero puesto a operar literariamente -sea en Saer o en Cucurto. Eso es lo que hace la literatura. Ahora sí: entre todas las variantes del idioma, qué le voy a hacer, la de Chejfec es una de mis preferidas, una variante un tanto nostálgica desde el vamos, donde lo que se narra de alguna manera ya ha ocurrido y simplemente nos queda disfrutar el tamiz que filtra esa experiencia

miércoles, 29 de febrero de 2012

Rusos II: Venecia por Brodsky



Hace millones de años, en otra vida -una vida antiquísima en la que yo veraneaba en Punta del Este con mi familia y cada vez que llegábamos lo primero que hacía era bajar a la playa con unos pasteles a dibujar cual niña del siglo pasado- mi abuela fue a la librería "La eslava" donde compraba todos los libros que me regalaba relogiosamente cada Navidad -formaban parte del pack bombachas y camisones-para comprar La hija del capitán, de Pushkin. No recuerdo absolutamente nada de esa lectura. Salvo la tapa del libro: blanca con un dibujo en tinta negra. Y un clima, una premonición: el libro tenía que ser maravilloso.
El año pasado S llevó un espectáculo al festival que organiza Barishnikov en Sarasota. ¡Estuvo con él! ¡Con Misha! Así que, quizás se pueda afirmar que los rusos se han estado abriendo paso en mi vida de una u otra manera. Antes de llegar con Marca de agua -Watermark, su título original- el libro sobre Venecia del genial Joseph Brodsky, S había comprado en una librería en Sarasota los Collected Poems. Supongo que debería dedicarle los próximos cinco años solamente a leer, entender y traducir cada uno de esos poemas.
Watermark es una rareza, una piedra preciosa. Basta este fragmento en el que Brodsky cuenta su encuentro con la mujer de Ezra Pound. Así comienza: "Bueno, para empezar, en mi trabajo Ezra Pound es muy importante, prácticamente una industria", dice Brodsky. Esta sola frase, a mí me arrastra a amar a Joseph Brodsky. No tanto por lo que dice de Pound -cuya industria llega a nuestras latitudes- sino por lo del "trabajo". Alguien que piensa su tarea de poeta como un trabajo merece todo mi respeto. Puedo imaginar a Bordsky arrastrando piedras a través de un campo nevado y esas piedras son palabras y el resultado es un poema. Brodsky -y esto lo va a hacer en todo el libro- le quita esa solemnidad que tantas veces se le adhiere a la poesía y dice: ¡"en mi trabajo..."! En el mismo tono, unas páginas antes describe las casa de los eruditos locales -venecianos- con los que no desea por nada del mundo encontrarse. "...demasiadas litografías abstractas en las paredes. demasiados estantes de libros bien arreglados, esposas silenciosas, hijas vacuas, conversaciones que seguían su curso moribundo a través de los sucesos de actualiodad, la fama de fulano, psicoterapia, surrealismo... Yo aspiraba a dilapidar mis tardes en la oficina vacía de algún abogado o farmaceuta local, mirando a su secretaria mientras traía café de algún bar cercano, conversando ociosamente sobre los precios de las lanchas a motor..." Hay algo del hacer como contrapuesto a la literatura que me fascina en esta afirmación. Algo que literalmente me enamora del personaje Brodsky. Sigamos: Brodsky llega a la casa de la vuida de Pound con Susan Sontag. Dice: "Se sirvió el té, pero no habíamos tomado el primer sorbo, cuando la anfitriona -una dama de pelo gris, diminuta, impecable, con muchos años por delante- levantó su inhiesto dedo, el que se deslizó a un surco mental invisible y de sus labios fruncidos brotó un aria cuya partitura había entrado a dominio público por lo menos desde 1945: Que Ezra no era fascista; que temían que los americanos (lo que sonaba muy raro en boca de una americana), lo sentaran en la silla eléctrica... (..:) En cierto momento dejé de registrar lo que estaba diciendo -lo que para mí es fácil, pues el inglés no es mi lengua materna- y sólo asentía durante las pausaso, siempre que marcaba su monólogo con un "¿Capito?" que era como un tic."
Se ve que son días de apoyarme en mi ignorancia: no he leído a Pound. Supongo que me pierdo algo grande, pero de verdad, no sé por qué, Pound me cae tremendamente antipático. Es como una intuición. Como cuando pienso: "Quiero leer La hija del capitán" y abro el libro y la intuición se confirma casi inmediatamente: el libro es maravilloso. Venecia que ya por sí misma es deslumbrante -¿quién acaso no lo sabe?- es doblemente poética narrada por Brodsky.

martes, 14 de febrero de 2012

Los rusos

Los rusos

Siempre leí la novela inglesa. La leí con convicción y placer. Jane Austen, las Brönte, Thomas Hardy, Henry James, Joseph Conrad. Supongo que es una cuestión de carácter: me gustan las formas, qué le voy a hacer. Sin embargo se vienen tiempos difíciles para los amantes de la forma. Basta con leer cualquier mail, ver la felicidad que provoca recibir alguno que comience con un educadísimo o amoroso, “Querida Carolina”. Ya lo sé: debería haber nacido hace un siglo o dos, hasta mi analista llegó a esa fatídica conclusión. Sin embargo creo haber encontrado mi tabla de salvación: la novela rusa. Muchos suelen sumergirse en Dostoievsky en la adolescencia, yo a esa edad leí hasta el cansancio novelas de amor y aventura, a medio camino entre la novela rosa y el erotismo soft. Después un día, en el colegio leímos Emma de Jane Austen y mientras mis compañeras se aburrían olímpicamente yo me encontré amando aquellos fragmentos llenos de palabras cuyo significado desconocía. Tenía que correr al diccionario, anotar definiciones en lápiz, armar un sentido. Después de Emma leí todo lo demás. Lo que pude. Se entiende, no leí a los rusos: estaba demasiado ensimismada en las palabras.

Luego, con mi primer embarazo devoré Crimen y castigo. S de viaje y yo en reposo, leí sin parar durante cuatro días, hipnotizada. Pasaron un verano o dos. Leí Las alas de la paloma, es decir: volví a lo que conocía, a los ingleses. Pero el año pasado leí Anna Karenina, la correspondencia de Tolstoi y me pareció apabullante, pero de una manera desconocida. Una sombra distinta recorría esas páginas. Distinta y a la vez familiar -¿tendré un alma rusa? A partir una nota para Ñ me metí en la vida de Marina Tsvietaieva. Me impresionó muchísimo. Ya conocía algo de su poesía pero su vida, dios mío. Y a partir de la correspondencia entre Marina y Pasternak decidí este verano leer El Doctor Zhivago.
Me desalentó bastante enterarme del uso norteamericano de la novela. Pero a la vez pensaba, si Marina Tsvietaieva lo admiró tanto, la novela no puede ser simplemente un pasquín antisoviético. Así que empecé a leer. Aunque la traducción –una primera edición que encontró mi querido tío en una librería de usados- abriera pero no cerrara comillas, mezclara tiempos verbales o aunque mi mente occidental y obtusa mezclara nombres al punto de no saber quién decía qué. Y sin embargo, la novela resiste todos estos embates. Basta con leer cualquier párrafo en el que Pasternak se detiene sobre el bosque, sobre el invierno, sobre los copos cayendo como flecos, las vicisitudes en torno a cómo encender la estufa, los lobos merodeando la casa, la manera en la que Zhivago va desaprendiendo su oficio de médico e incluso su oficio de poeta hasta devenir casi en un hombre harapiento y solitario -¿Tolstoi? Es un viaje interior como no existe en la novela inglesa. Aunque ambas dilaten la acción y se pongan en marcha, digamos, en la página 300….Los rusos crean clima, un clima que va más allá de las palabras, una densidad que hace de la lectura una experiencia -como decía Alberto Girri y eso que él traducía poesía inglesa y norteamericana- moral. Supongo que es el frío, el encierro, la nieve. Y estoy segura de que repito lo que muchos antes dijeron, pero no me importa en lo más mínimo. Es mi descubrimiento más reciente. Los rusos me conectan con mi propia resistencia. Voraz y carnívora como el aullido de los lobos.

martes, 7 de diciembre de 2010

11.05 PM: terminé.

Tengo poco tiempo para escribir lo que sigue. 8 minutos exactamente, aunque me doy el permiso de 5 más para releer. Sucede que de lo contrario, corro el riesgo de quedarme acá en este horno que es el "cuartito de la compu" y que será en algún futuro, espero, no muy lejano, un escritorio durante demasiado tiempo. Cuestión que, sólo tengo ahora 7 minutos porque de verdad, lo único que mi cuerpo pide en en este caluroso día es tirarse en la cama con las patas para arriba a descansar frente a la tele. Pero, así son las cosas, chequeo por últimoa vez los mails, miro FB y me detengo en el blog de Daniel Link que hace miles de años que no visito. Y ahí mi emoción. Porque siempre me pasa lo mismo con Link. Sus libros de crítica me encantan, no leí los de ficción (sospecho que no me van a fascinar como si me sucede con la obra teórica) pero lo que más me sorprende, siempre, es la rapidez de su pensamiento, ni hablar de la biblioteca que tiene encima. Y me acuerdo cuando trabajaba en una horrible empresa financiera -yo- y combatía el tedio leyendo el blog de Daniel Link. Seguramente habría otros blogs mucho más jugosos para leer por ahí, pero no sé, el de DL me conectaba con la teoría, con una manera de pensar la literatura -que siempre fue como un nirvana para mí en relación al mundo laboral, es decir al trabajo de secretaria, a la corporación, etc) con la mente de un tipo que es capaz de las lecturas más interesantes y alocadas. Y aquí va lo que leí en su blog y me retuvo en este calurosísimo espacio de mi calurosísimo departamento a las 10.59 (sólo me queda 1 minuto) de la noche. En lo que dice DL hay muchas cosas a las que adhiero, además de tener -yo, nuevamente- una malsana inclinación hacia el chisme académico. Coincido con él en esto que señala sobre lo interesante que es escuchar hablar a aquellos expertos en por ejemplo, liteartura medieval. Tengo una amiga que es mi gran orgullo en este sentido: se acaba de doctorar en literatura gallego portuguesa en España. Gime. Y yo a veces me encuentro cual vieja de 200 años, pensando: Claro, Gime sabe sobre tal o cual cosa. Porque su corpus es posible de ser aprendido. Hay Historia, Filosofía, toda una gama de saberes implicados. Si hablamos de literatura argentina contemporánea, como de alguna manera dice DL, tendremos que recurrir a la experiencia. No es poca cosa, claro. Pero, y esto es seguro, se trata de otra cosa. Algo tan vasto como la vida.

sábado, 9 de octubre de 2010

Las cebras de Mercedes Araujo

A ver: son las nueve de la noche y con la excusa de: voy a sacar del freezer una carne para mañana y apago la compu, no? me vine corriendo a la cocina y al cuartito que hay al lado del lavadero, es decir a lo que llamamos escritorio. Saqué la carne y estaba por apagar la compu cuando me encontré -es decir: me puse a mirar blogs vecinos y la encontré- esta foto en el blog de otra amiga, Mercedes Araujo. Todas las fotos que publica y que saca ella son buenísimas. Pero esta... es increíble. La textura del pasto, o deberíamos decir hierba, porque pasto es lo que hay en las plazas, en el fondo de casa, esto es como una sucesión de líneas dibujadas a plumín, con la dedicación del dibujante hiperrealista y después las cebras superpuestas a la minuciosidad de ese suelo, con sus rayas definidas, tan plenas de color. Ese contraste entre el fondo y la piel del animal, su relieve, hace de la foto algo impactante. Dos de las cebras miran la lente de Merce, es decir que ahora nos miran a nosotros. Son imponentes pero a la vez hay algo de hijos o de hijas en la manera en la que clavan esos ojos redondos y pequeños. El blog es cartas desde el jardín. Y dan ganas de que Merce me invite a ese mundo a tomar un té, prometo no pisar las margaritas, ni molestar demasiado al perro.
Ya sin excusas, o colmada mi curiosidad por esta noche, me voy a dormir.

martes, 26 de enero de 2010

Morábito

Lo único que leí en estas vacaciones fueron un par de poemas, anoche, de Fabio Morábito. Lo digo en pasado, porque hoy empecé a trabajar. Con esto termina mi tiempo de descanso mental, de simbiosis, de compenetración. Mateo tiene cuatro meses y medio. Y mi compañera, acá en el trabajo me dijo que está retrasada, que llega 15 minutos tarde. Entonces, para amortiguar la desazón de no poder salir ya ya ya corriendo a casa -y besar a Mateo- reescribo este poema. Que no es mío, claro, es de Morábito.

Arriba en la azotea
dibujan círculos
alrededor de los tinacos,
como buscando prolongar
el vuelo que los une,
pero la inspiración se ha ido.
No volverán como vinieron.
Hay un dicho:
la parvada que te lleva
no es la misma que te trae.
Y a veces no hay parvada de regreso
y cada cual
regresa solo y como puede.
Y debe de haber pájaros
que se resisten a dejarse ir en una
y luchan por no ver ni oir
un cielo que se surca
por gusto y no por hambre
y, si las ven pasar,
se quedan a cubierto,
entre las hojas y las ramas,
sin acudir a su llamado.
Les hablan de una Troya que no han visto,
no creen en la existencia de los Cíclopes
y no han probado qué se siente
cuando de pronto se vacían los nidos,
se enciende un vuelo sin un fin preciso
y cada cual mide su ser de pájaro sin árbol,
de pájaro entre los pájaros,
un árbol de puros pájaros, sin ramas.

de Alguien de lava en La ola que regresa.

domingo, 10 de agosto de 2008

Preludios

Debussy: soy tu fan.

jueves, 25 de octubre de 2007

Los índigos de Alejandro Mendez


URIEL (10 AÑOS)

Elige ese rincón
abandonado
de la casa,
junto a las botellas
de lavandina,
con el abrigo gastado,

en silencio.

¿Hablando con las
botellas?

El gesto
telekinético
espanta al gato
escondido
en el armario.

La botella de
lavandina asciende
amarilla
lenta

abducida.




NUEVE



Una noche oscura y fría
aceptaba la ida.
Yo en bombacha y remera esperaba tus besos
lloraba y los abrazaba en el tiempo que quedaba
mientras la ida llegaba.
A las 7 AM ¡Me desperté!
la casa estaba silenciosa
no se veía nada, absolutamente nada
ya no estaban.

Candela a los 11 años
De Chicos índigo, Alejandro Mendez, Edit. Bajo la luna, 2007.



Chicos índigo podría venir acompañado por un CD de música electrónica, por un holograma o por un traje plateado de astronauta. En lugar de eso, Chicos índigo, el tercer libro de Alejandro Mendez, viene sólo o en mi caso con una dedicatoria: “Con todo afecto te dejo al cuidado estos índigos; a tu atento y amoroso cuidado”. Como si me entregara uno de esos sea monkeys que esparcíamos como polvo en un frasco con agua y después veíamos crecer, maravillados con esa posibilidad de la vida -¿animal? ¿vegetal?- así me llevo entre tapas amarillas a Uriel con sus poderes telekinéticos, a Lola, a Candela que espera el momento de la ida –¿de los padres? ¿de sí misma?-a Julián en su carrera de natación contra Pablo a Michelange que viaja al futuro de sus 35 años.
Mucho se ha escrito en la poesía argentina de los últimos tiempos sobre la infancia. Sin embargo este libro contiene una extraña novedad, algo que lo hace diferente, “futurible” para usar palabras del libro. Un estado de solipsismo, de aislamiento absoluto desde donde nacen las voces de cada “niño”. Cada uno de estos poemas brilla incandescentemente solo, aunque se quiera poner “estómago con estómago” o volver a vivir ese último campamento. Chicos índigo se ubica cerca del tono de Nabokov: Lolita, pero también Pálido Fuego, un tono de extraño distanciamiento como el del coleccionista de mariposas que mira extasiado cada uno de esos pares de alas que existen sólo para él debajo del nylon de su álbum.

martes, 16 de octubre de 2007

Uno de Silvia Jurovietzky, mientras viajamos a Rosario

1-Dispersión

Los panaderos son
pequeños núcleos leves
y suaves como el alma.
El viento de primavera
inicia al pasar sobre los árboles
su andar redondo
de corcovas blancas.
En la ciudad hay gente
que levanta la mirada
para volver a bajarla.


2-Concentración

Un hombre viejo recoge
para la ilustración de un cuento
panaderos
los busca y los guarda
en una cajita azul
que abrirá mañana.

Así nos roza su historia
bajo el techo blanco del aula
cuando cierra el relato
sabido de memoria
y sopla su carga preciosa
que flota sobre nuestras caras.


3-Inhumación

abrir la caja del muerto
y que salgan los panaderos
que salga la muerte loca

juan recita
el árbol
de la buena muerte

juan danza por fin
el ritual de su hijo
quieto en una caja

el árbol
de la buena vida
tiene la misma corteza
áspera
pero sus hojas
se renuevan siempre
para caerse

¿el árbol es un regalo
como la buena muerte
es un engaño?

Silva Jurovietzky
de su libro Panaderos, Buenos Aires, Editorial Tierra Firme, 2007.


Nos vamos a Rosario!!
Quedan estos poemas, para que se vayan deshaciendo en las manos del buen lector, como los panaderos.

sábado, 25 de agosto de 2007

My own private symptom


Difícil olvidar esta película. Imposible olvidar a River Phoenix desmayado de sueño en medio de una ruta provincial de Portland. Keanu Reeves lo levantaba como si levantara un saco de plumas. Un hotel, la calle, cualquier lugar podía ser escenario del ataque de narcolpesia que lo sumergía en un profundo sueño. Aquí lo vemos caminar paralelo a la linea que divide un lado de la ruta del otro. Ir de volver.
A veces yo también dormiría en cualquier parte. Una sala de espera, el colectivo, un auto en el mejor de los casos. Un restaurante, el sillón en casa de una amiga, los peldaños de una escalera. El deseo de dormir puede ser imposible de manejar. Y uno intenta estar en el presente de la situación que está viviendo y sin embargo se desplomaría ahí sobre la alfombra tibia del living o las maderas lustradas de un bar. Que me despierten en un rato, pienso.
Hoy por ejemplo me hubiese dormido en una de las sillas de Pinturerías Rex. Estábamos buscando una maderita que tapara un pequeño aire que queda entre el placard y el techo. Alrededor nuestro la gente daba vueltas, elegía colores para sus paredes, se movía despierta y enérgica, como corresponde a un sábado a las dos de la tarde. Yo me moví un rato a medias entre el sueño y la vigilia y después me desperté con el café de la sobremesa.

domingo, 12 de agosto de 2007

Uno de Madariaga

Agotada por un largo día del niño -los festejos a veces pueden ser agotadores- dejo este poema para "mi" Lucio escrito por Madariaga para "su" Lucio. Termina el domingo.

Viaje estival con Lucio

-Aquí ya empiezan a haber caballos-
me decía.
Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde
entre los colores del agua de la infancia.
Estábamos ya muy lejos de los bronces, los
mármoles y los floreros pintados "al gusto de
la familia" en los cementerios municipales.

Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo
tren casi fluvial nos envolvía.
Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en
las manos las ramas de las estrellas y
el resplandor lentísimo de los ríos rosados,
donde sangraba el sol de los caballos, las
vaquerías y las antiguas guerras.

Era el primer viaje solos en el tren marrón que
no quiera morir.


De País Garza Real, Editorial Argonauta, 1997

jueves, 2 de agosto de 2007

Un mensaje desde el Sur

Una noche me mostró diapositivas de la ruta 40 y la escalada del Fitz Roy; otra, en medio del barrio Los Coihues, en Bariloche, me mostró imágenes de Groenlandia: un grupo de tres personas se abría paso en el hielo transportando un kayak. Compartimos un invierno y durante un verano nos prestó, a Santiago y a mí, su casa en medio del bosque. Yo escribí algunos poemas para ella y para Azul, que entonces tendría tres años. Euge me manda esta foto de Alaska donde estuvo hace poco y una canción de los Red Hot Chili Peppers, "Snow":


"People need the cover of another perfect wonder
Where it's so white as snow
Privately divided by a world so undecided
And there's nowhere to go
In between the cover of another perfect wonder
Where it’s so white as snow
Running through the field where all my tracks will be concealed
And there's nowhere to go"




martes, 31 de julio de 2007

Nuevos paisajes


Para pasar la gripe y levantar un poco mi ánimo golpeado por la fiebre,
un cuadro de Max Gómez Canle. Si mal no recuerdo, todavía se puede ver su obra en Braga Menéndez. Y algo de lo que dicen sobre él:
"La historia de la sensibilidad de la pintura moderna desde el diario onírico de un amante silencioso, la obra de Gómez Canle resulta melancólicamente el testimonio de todo lo que el arte hoy no es. Texto devenido monolito emergiendo del paisaje enrarecido. Geométricos, postdigitales, los bloques negros testimonian primitivos y poderosos como religiosas construcciones aztecas la crisis del clima que el entorno siniestro, naturaleza o cultura, proponen como cierto."
Florencia Braga Menéndez, 2002.

sábado, 28 de julio de 2007

El rayo

Ha llovido esta noche.
El camino huele a hierba mojada
luego, otra vez, la mano del calor
en nuestros hombros, como para decir
que el tiempo nada se llevará de nosotros.
Pero allá,
donde el campo reposa en el almendro,
mira, una fiera saltó
de ayer a hoy a través de las hojas.
Y nosotros nos detenemos fuera del mundo,
me acerco a ti,
acabo de arrancarte del tronco ennegrecido,
rama, verano fulminado
de donde fluye, divina todavía, la savia de ayer.
Y. Bonnefoy