domingo, 2 de noviembre de 2008

Portugal

Saliste de casa como quien se va
a un país lejano. Portugal, podrías haber dicho.
Una pareja de turistas
camina hasta los acantilados.
¿Son pájaros o es la espuma que golpea
como al vies la piedra
allá abajo
donde adivinaban
el mar revuelto y oscuro?
Lo extraño era que ese rincón de Portugal
no parecía la Europa domesticada por el turismo
ni la agreste fotografía de playa
lo que veían
era otro paisaje;
salvo que lo negro de las rocas
se transformara por arte de magia
en arena
y el vacío en una superficie generosa
dispuesta a alivianar el peso de cualquier caída.
Portugal no suele ser un buen destino
para parejas. Por eso te saludé desde la puerta
Adiós amor mío, que te vaya bien
lo dije sin ironía ni sarcasmo. Desanudé
de un tirón mi bata
y me sumergí en la mórbida
cadencia de las sábanas.

domingo, 26 de octubre de 2008

Como en un cuento de Lorrie Moore



lees en el diario de ayer
que tu cantante preferido -digamos Tom Waits
estuvo en la ciudad.
Mirás las fotos del concierto al que no fuiste
y el mundo se te cae literalmente encima.
Tu marido te mira incrédulo
pregunta, ¿Tom Waits era tu cantante preferido?
En realidad no lo sabés
pero decís que sí, repetís que sí
como si en eso se te fuera la vida
mientras revolvés entre los discos
que eran tuyos, que eran de él y que hoy son una pila
anónima y confusa.
Te pasás el viernes buscando algo de Tom Waits;
encontrás Swordfishtrombones.
La palabra larguísima, impronunciable.
Ponés la primera canción
los instrumentos te golpean sin lógica alguna
sabés que no es lo que más te gusta de él
pero dejás que siga su curso
y defendés
a capa y espada cada uno de sus acordes.


El título del poema hace alusión, sobre todo, a un libro de Lorrie Moore (Nueva York 1956): Self Help (Autoayuda). Creo que todo el libro está construido alrededor de una segunda persona (vos-tú) a la que se aconseja parodiando un libro de Autoayuda.

miércoles, 22 de octubre de 2008

No lo digamos

Siempre he sufrido cuando me preguntan de qué trabajás, o lo que es peor: ¿vos sos.....? A diferencia del médico o el ingeniero o el docente que, si la suerte le ha sido favorable, trabaja de lo que estudia (es decir es abogado y trabaja de abogado -el verbo ser, por supuesto ,es de lo que aquí se trata), yo nunca trabajé de lo que estudié. Quizás ahora esté lo más cerca que pueda estar de que coincida mi licenciatura en letras con mi trabajo remunerado. Aunque esperemos que no sea así, de verdad. Sin embargo, hoy por hoy soy meramente una empleada. Atiendo llamadas, anoto reuniones en la agenda, paso mensajes. Por esto recibo la mayor parte del dinero a fin de mes. El resto llega de las colaboraciones.

Cuando escribo y me pagan por eso, en general son artículos que nada tienen que ver con la literatura. A veces sí. Pero no es la mayor parte del tiempo. Son historias de vida, notas de interés general que me obligan a hacer entrevistas, averguar datos. Me gusta. Sin embargo no diría: soy periodista. Me falta formación, me falta dedicación exclusiva. ¿Qué soy entonces? ¿Escritora? No lo diría tampoco. Quizás debiera, al menos para creérmelo; pero no lo diría. Como buena hija de un comerciante del Once, bien clase media no puedo evitar asociar la definición de una profesión con la del trabajo remunerado. ¿Me pagan por ser escritora? Si asocio la palabra "escritora" con la literatura, tengo que decir que no. Me pagan por estos artículos que nombraba antes, pero por las horas que paso frente a la compu escribiendo narraciones y poemas, no. Y antes de que el lector piense esta chica: al analista! (sí, hablo de estos temas e terapia), voy al grano. Nadie me paga por escribir poemas. Poemas. Aquí va la cosa.

A diario escucho que la gente dice: soy poeta. Y a nadie pareciera incomodarle la facilidad con que se suelta la frase, a modo de presentación, en cualquier encuentro. Sí, soy poeta, dice un hombre en un bar y comienza a leerme uno de sus poemas, a media voz y con la garganta quebrada. Que a uno le paguen o no por lo que hace puede ser un tema que sólo para mí sea una cuestión digna de, al menos, pensar en cuanto a definición propia. O del ser social. Y admito que me faltan elementos para llevar la cuestión al fondo. Pero, de todas maneras, un pedido: no lo digamos. Nos pone a todos demasiado cerca, demasiado en la misma línea. Gruss, Bellesi, Carrera y ¿yo? Ya sé que el yo es como el ícono de la nueva literatura. Pero mejor que sean, eventualmente, los demás los que nos definan como poetas. O que no sea nadie. Definámonos por nuestras otras actividades. Que se yo... vendedor de pinturas, secretaria, traductor, bancario, lo que sea. Si es eso probablemente lo que constituye una parte fundamental de nuestro mundo, de nuestro quehacer diario. Al menos para no ser todos tan iguales, tan poetas.

domingo, 19 de octubre de 2008

Mi poema sentimental

Silvio Mattoni escribió unos increíbles Poemas sentimentales (Siesta) yo no pude evitarlo y hace un tiempo escribí el mío.

A Lucio

Acaricio el libro que traje a la cama.
Lo palpo como si fuese ciega
e intentara reconocer las letras
en el relieve mínimo de la tinta.
Mattoni habla de sus hijas.
Son versos dichosos
pero hoy me parecen terriblemente tristes.
¿Soy la madre mala de los cuentos?
¿O la mala lectora?
Dormís hace sólo un rato
y en lugar de celebrar mi merecida independencia
sopeso un libro ajeno: tapa, contratapa, precio
más presentes para mí que el poema
las hijas, el viaje en auto. Leo
versos sueltos pendiente de una respiración
apenas audible. Llamo por teléfono, miro tele
suspendo toda valoración sobre el libro
lo acomodo al lado de otros
que nunca terminaré de leer, tan similares
en tamaño a este, a vos
antes de pertenecer
como todos
al transcurso de las horas y de los días.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Dos poemas

INVIERNO 2002

Como en el momento del despegue
con la espalda presionando el respaldo
resisto la inercia del recuerdo.
Lucho contra la garra de un cóndor
que quiere llevarme de vuelta.


SIN TÍTULO

Lo que guardamos
celosamente en invierno
sale a la luz en primavera.
Hilachas, pelusas
polvo
que ahora vuela
dorado como polen.
Así nacen malos poemas
sobre el aire libre
la tibieza
y el devenir flor
de lo que cerrado
podría guardar algún secreto.

lunes, 6 de octubre de 2008

The shy author



Beckett. Dice mi amiga Mariana Kosmal que Muleiro lo nombró
en la presentación del libro de Marina Serrano, La diástasis de las tibias largas.
Así, a un costado de todo. Me gusta esa idea del escritor
que no está en el centro y mucho menos en el centro del espectáculo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Colonia - work in progress III

Ya en el free shop del barco no podía escapar al lisérgico efecto de la novela. Era como si alguien más estuviera contándome lo que yo misma hacía, como tener un traductor en simultáneo. Iba como una zombi, ensimismada en mis propios pensamientos, adormecida entre perfumes y envases de cremas antiarrugas. Agarraba una caja, miraba el precio, hacía la conversión de dólares a pesos argentinos, me detenía en nuevos tratamientos, pensaba cuántas unidades de tal o cual producto tenía que llevar para que se viera la diferencia en la piel o en el pelo, probaba fragancias. Pero estaba ida, ausente. Sabía que alrededor mío había otros, otras tan ávidas como yo de novedades; me llegaban comentarios como al pasar, escuchaba el final de un diálogo, el comienzo de otro, la gente se deslizaba alrededor mío como sobre una cinta transportadora, y yo, la única obligada a sortear obstáculos, a correrme de en medio. Y entre toda esta marea de gente, un pañuelo. Verde, con algo de amarillo pero sobre todo anaranjado. Una bandera, un estandarte, una prenda o un accesorio, como quiera verse, destinado, sin lugar a dudas a mí.
No es algo que me suceda siempre. Recuerdo, por ejemplo, una pequeña carterita bordó con manija de madera. O un pantalón de pana. Si viajo en el tiempo puedo evocar un cinturón que tenía mi madre lleno de piedritas de colores y un vestido rojo sin breteles con flores negras. Bastaba con tener su permiso, con abrir el último cajón de su cómoda de madera. Ahora es un poco más complejo obtener lo que se quiere. Y no es algo que me pase seguido, pero cuando sucede es como si encegueciera. No puedo pensar en otra cosa que no sea ese objeto o esa prenda. Algo así me pasaba con el pañuelo. Hacía él iba, en línea recta, cuando escuché que alguien me llamaba. No sé si fue mi nombre o algo en relación a mi trabajo, la cuestión es que se trataba de mí y en el lapso de dos segundos pasé de estar completamente sola –conmigo misma y con el libro, por supuesto- a estar rodeada por un grupo de alegres niños. Algunos sonreían con chocolates en la mano, otros dando los primeros lengüetazos a varios chupetines de colores. Miren chicos, ¿se acuerdan? Es...., dijo ella. Era la directora de un coro de escuela a la que había entrevistado hacía unos meses para una nota que nunca salió. Y no es que el mote de periodista me incomodara, era la situación en su conjunto; yo estaba pensando en otras cosas como ser el pañuelo o el libro que aferraba contra el pecho. Dije algo así como: No te reconocí así de sport... qué tal, cómo la están pasando. Era cierto, ya la había visto antes. Y creo haberme preguntado si era ella o no, pero, concentrada como estaba en la novela, no le di demasiada importancia. Es que la veía demasiado delgada, parecía mentira que fuera la misma persona de hacía unos meses. Le iba a decir algo en relación a esto pero me detuve, su delgadez era un tanto extrema, quizás algo que la incomodaba o que estaba reviendo con algún terapeuta... sin embargo, contrariamente a lo que se podría pensar, no le faltaba fuerza ni vitalidad. Irradiaba energía. Agarraba a un chico, a otro, les hablaba con firmeza, los retaba o los alentaba a que gastaran el dinero que sus padres en conformidad con ella habían separado para el free shop. Esto era un poco extraño... no parecían los mismos chicos que había escuchado entonando el Himno a la Alegría. Vamos al Festival anual de coros de Colonia, me explicó un poco sorprendida de que no tuviera presente el evento. Y dijo algo más, siempre en relación al barco y a Colonia. Yo quedé muda, creo que la saludé o palmeé en la espalda a alguno de los chicos, no quería parecer descortés pero tampoco perder de vista al pañuelo. Quién sabe si tendrían guardado otro igual como para reponer en el perchero si otra persona se lo llevaba antes que yo.





lunes, 8 de septiembre de 2008

Colonia - work in progress II

La idea era vivir la experiencia. Después de todo se trataba de ver, oír, conversar, estar, como el resto de los pasajeros del barco, en Colonia. Sin embargo la novela fue mi ruina. Empecé a leerla antes de subirme al buque sentada en las pequeñas mesitas redondas con pie de acero, debajo de las lámparas de resina, en la sala de espera. Deseé ese mármol para la mesada de la cocina de mi casa como un artista puede desear cierta forma de la celebridad, o un empresario, el éxito. Esa debe de haber sido la última vez que tuve algún pensamiento propio. Una mesada de mármol blanco para la cocina, cueste lo que cueste. Es decir, mi pensamiento más banal, ese que únicamente hubiese verbalizado en una charla entre amigas muy íntimas, fue también mi pensamiento más auténtico, el más mío. El resto del viaje pasaría indefectiblemente por el tamiz de un verborrágico narrador. ¿Por qué me pasaba eso? No era justo que el único día completo que podía pasar en soledad –me reunía con mi marido al final del día en Colonia- tuviese que transcurrir en diálogo con una voz anónima, extraña.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Viaje a la luna con el diario del domingo


De todo el diario del domingo, lo que nunca dejo de leer es la sección de Empleos. Lo hago desde siempre -al menos desde hace quince años- y nunca, hasta ayer, entendí muy bien por qué me genera tal fascinación. Tengo trabajo. Pero hubo un tiempo en el que no lo tenía, o quería cambiar y me imaginaba la candidata ideal de cualquier de los "pedidos". Trabajé de profesora de inglés, de castellano, de vendedora de un servicio de información teléfonica pre-internet.... después entré de secretaria en una prepaga y más tarde en una multinacional, primero como recpecionista y después como asistente en diferentes áreas -siempre las mismas tareas pero con diferente nombre. Todo en paralelo con mi carrera en Letras. Llegué a ser asistente de recruiting (algo así como la búsqueda de personal) y viajé en pleno 2000 buscando "candidatos" para cubrir los puestos de analistas en negocios o asociados de la empresa. Miraba y miraba CVs para hacer la selección mientras el país se caía a pedazos. Teníamos con Eleonora -mi jefa inmediata en ese momento- una oficina con vista a la nada. Y Ele, embarazada de ocho meses, insistía en seguir con la misma eficiencia con la que estaba acostumbrada a trabajar. El país se desmoronaba. De hecho yo quedé sin trabajo en septiembre de 2001 y Ele un poco antes. La cuestión es que a partir de ese "puesto" que tuve, en el que estaba en contacto con los chicos/as ávidos por entrar a McK, me quedó esta inclinación a mirar los avisos. Y ayer, el diario La Nación tuvo un gran acierto una nota casi surrealista, que empezaba con un tema y derivaba en cualquier otro -a lo Aira. El autor de la nota contaba el proceso de selección al que se somete a los candidatos para astronautas. Decía que, en definitiva, quienes se postulan buscan lo que todos: un futuro que adivinan del otro lado del recuadro de "se busca". Y que, ya sea para viajar a Marte -que es el último hit de la moda estelar-, o para entrar en una empresa de, digamos, consumo masivo, telemarketing, lo que sea, la gente se hace la misma película, las mismas ilusiones. En ese ritual de enviar un CV, previamente diseñado para el puesto en cuestión -yo llegué a tener varios: uno para traductora, otro para docente, otro para secretaria... me creía capaz de cumplir cualquier rol-, en la elección de la ropa, en la visualización, la noche previa, de la entrevista, en la espera... uno se siente envuelto en infinidad de fantasías.
Y eso es lo que encuentro cuando miro los avisos. Porque es casi una obsesión, lo que más me interesa del diario, por lejos. Las frases que se utilizan, por ejemplo, la alusión a una "posición" a un "puesto", los grandes recuadros en inglés, los que piden "disponibilidad horaria"... ¿A qué se refieren? ¿cuánta disponibilidad horaria quieren? Y los desafíos a los que aluden, la actitud que piden de los candidatos, el compromiso.... es como otro mundo, el de los clasificados. Un mundo casi rayando en la locura, en el despropósito. Como cuando viajamos ese año 2000 a ofrecer "puestos" que después teníamos que patear para adelante, decir: "en lugar de empezar el 2 de septiembre, quizás tengas que empezar en enero del 2001" y los "candidatos" dispuestos a todo con tal de tener su lugar en el mundo de la multinacional.
En fin. Viajo a la luna de la mano de los clasificados de empleos.

viernes, 29 de agosto de 2008

Colonia, work in progress

Una quisiera estar sola frente al agua y el cielo. Que la vista no tenga que sortear cuerpos y rostros ávidos por ver el puerto de Colonia, la ciudad vieja. Si sólo se ve niebla; y río y cielo son, en este mediodía, lo mismo.
Ir al ras del agua es lo que permite que el viaje dure tan solo una hora. Los chicos gritan ¡ya llegamos! pero todavía no, falta un poco más de blanco y gris amarronado que es lo único que se ve desde las ventanas. Y aún así una quisiera estar sola frente al agua y el cielo. Comprendo que estoy sentada del lado correcto del barco, que hoy, es el equivocado. Estoy del lado de Colonia. La gente se pone de pie y camina entre las filas de asientos para poder ver el momento de la llegada. Quedo encerrada entre varias personas y no estoy ni por asomo sola, como quisiera.
Estamos llegando. Ya no se puede, entonces, leer la novela, hay que aprontarse como dicen los uruguayos, hay que prepararse para el desembarco. La situación pide una cuota de ansiedad, que aunque todavía falta –estamos llegando- una se levante, bolso en mano y se dirija a la puerta. O permanezca como indica la voz del alto parlante, en su asiento, expectante. En todo caso lo que el momento pide es cerrar el libro, guardarlo y disponerse a vivir la experiencia de la llegada. Porque todavía no llegamos pero es como si ya lo hubiésemos hecho. Aunque los movimientos del barco, ahora, sean más complejos que aquel primer deslizarse –esa velocidad crucero- al ras del agua, aunque ahora sí, el comandante deba demostrar algún tipo de destreza o habilidad porque no cualquiera sería capaz de ubicar al barco en la posición justa; para todos, el viaje ya ha terminado. Por un instante una quisiera no haber sacado pasaje en el buque rápido. Eso que, los días anteriores a la travesía nos parecía maravilloso –el barco tarda solo una hora- hoy nos parece una picardía, casi una barbaridad, un despropósito. No hemos apoyado los pies en tierra firme y ya sentimos nostalgia del viaje, simple melancolía por lo que termina apenas empezaba.

jueves, 21 de agosto de 2008

Supimos hacer de la orilla una casa
a la altura de las circunstancias
pensamos: nada puede llevarnos de vuelta
estamos a salvo
y nos dimos a la tarea de construir una familia.
Nuestros hijos crecerían entre juncos
les lavaríamos el barro de las piernas
cuando atravesaran descalzos la laguna.
El frío, como un pájaro de mal agüero
habría quedado atrás, olvidado
en una bolsa de plástico negra
a los tumbos por la montaña.
Cuento los días que faltan para la primavera.
Pero algo me dice que no vendrán tiempos mejores.
Acuno, doy el pecho –mi parte más preciada
enseño a balbucear primeras palabras;
endurecida la mandíbula
los ojos fijos en una imagen que se yergue
detrás de mí, o sobre mí
o sobre todos
mi hijo se despereza.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Amsterdam

¿Cuándo se escucha la voz del otro (el otro amado), en el teléfono, desde la cocina, en medio del ruido de la calle, o desde cerca, cerquísimo, acá nomás, desde dónde habla? ¿Cómo llega esa voz? ¿qué la atraviesa? ¿qué ve del otro esa voz? Es un poco la pregunta de Barthes en Fragmentos... pero a la mexicana y con una dosis de nostalgia llena del smog y los ruidos del DF. Amsterdam puede ser el país al que nunca se llega o la cabina telefónica del otro lado de la calle. Junto a Budapest, de Chico Buarque -otro de los libros que leí recientemente- éste es altamente recomendable.

domingo, 17 de agosto de 2008

Durante días estuve escribiendo en papeles diminutos
cosas terribles sobre vos
parecía una gitana esparciendo insultos
en boletos de colectivo, entradas de cine.
Era como aprender otra lengua
empezando por lo más vulgar
y atribuírtelo todo a vos.
Esas palabras me redimían
y después de cenar
te abrazaba debajo de las sábanas
como quien se aferra a un barco que se hunde.

sábado, 16 de agosto de 2008

La mejor

Hebe Uhart: soy tu fan

viernes, 15 de agosto de 2008

Y sí....

Carver: soy tu fan
Fue uno de mis primeros encuentros
con la literatura. Me lo recomendó un vendedor de Fausto
un día que pasaba por ahí a la salida del colegio.
Hace un tiempo leí en Ñ que Tato Flores Cárdenas -el director de Catedral
una versión en teatro del cuento- recomendaba o estaba leyendo
A new path to the waterfall increíble libro de poemas donde
Carver relee en clave poética a Chejov entre otros.
Pasen y vean:
Catedral en el Abasto Social Club
dirección y dramaturgia: Martín Flores Cárdenas
reservas: 4862 7205 Humahuaca 3649