viernes, 6 de febrero de 2009

Perec (y -no puedo evitarlo- algo de James)

Cuando mi amiga L me lo prestó me dijo: "con mi novio decimos que somos Jerome y Sylvie". Entendí que de esa manera acentuaba el carácter de préstamo del libro, pero también que me lo daba habiéndose ya ella apropiado de cierta identificación con sus personajes. Esto, sumado al hecho de que la edición de Anagrama no se consigue, hicieron del libro algo precioso y sumamente provisorio a la hora de ponerlo en la valija y trasladarlo rumbo a Punta Rubia. Sólo lo tendría unas pocas semanas, y durante ese lapso -y solo ése- podría adentrarme en esos personajes, pero de segunda mano, porque L ya "era" Sylvie. Ya alguien más me había dicho que me iba a encantar y se había encargado de llamar a todas las librerías conocidas para comprarlo. Pero no está, no se consigue.
Y sí: me encantó. Llego tarde probablemente a cualquier discusión de época,o a cualquier discusión en torno a Perec y eso probablemente me convierte en una lectora a destiempo y en tal sentido más desprejuiciada -si esto, acaso es posible más allá de una mera "sensación" propia.
No puedo evitar vincular la novela con The beast in the jungle, de H James. En ambas los personajes se mueven en un limbo, son, se podría decir, tipos, criaturas envueltas en cierta irrealidad, sólo que en el caso de Las cosas es imposible no tomar la posta de mi amiga L y sentir en carne propia la identificación con los personajes. Ese ideal hacia el cual se dirigen.... porque nada hacen por concretarlo; cierto desgano en relación a lo que no podrá ser y cierto dejarse llevar por el devenir cotidiano construyen una atmósfera de lo irrealizable, de expectativas inalcanzables ya desde la primera página. ¿No es también lo que le sucede al protagonista de la novela de James vuelto sobre sí mismo a la espera de vivir ese cataclismo, ese amor -o algún tipo de experiencia de una turbulencia gigantesca- que finalmente nunca llegará tal y como el la imagina?
La manera en la que Perec construye la realidad a partir de interminables listados de objetos y como esa realidad -cimentada en la acumulación o en la obtención de eso que se desea- va cambiando según sea el cristal de los ojos con los que se mire es conmovedora. No se me ocurre otra palabra. Ambas novelas son tan nostálgicas como yo. Un placer leer un texto de ideas. Donde se juega algo del escritor -algo más que desvíos narrativos, incoherencias, frases ingeniosas y oficio-, algo del lector, algo del mundo.
Disculpen errores de tipeo, salgo corriendo. Empezó, parece, el año.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

caro: yo lo leí hace mucho y me estremeció, la identificación es casi obligada, te mando muchos besos desde rosario, vero laurino.

L. dijo...

Caro. Sí, soy L, la que se identifica con Sylvie, novia de P, identificado con Jerome. Me alegra tanto leer esas palabras. Yo leí esa novela en un momento muy especial de mi vida, cuando creí que acaso fuera posible vivir como lo hacen Jerome y Sylvie.
Haber perdido a este gran escritor es un "pena extraordinaria". Era algo así como "casi un genio"....